IMPORTANCIA DE LA FORMACIÓN CONTÍNUA

Actualizado: jun 4


Estamos de acuerdo con lo que escribió autor Gustave Flaubert “la vida debe ser una continua educación”. El mundo está cambiando, así que lo mejor para nuestros intereses personales y como profesionales, es ampararnos en la formación continua estar preparados para las nuevas circunstancias.

¿Crees que contar con una carrera y/o un trabajo es suficiente? El mercado laboral sigue su curso y las empresas, en un escenario altamente competitivo, buscan nuevos servicios y productos para sobresalir del resto, lo que a su vez requiere de un capital humano en constante reciclaje, que sepa afrontar los retos tanto a nivel de competencias técnicas como de habilidades sociales o ‘soft skills’.


Por tanto, la formación es crucial en el desarrollo personal y profesional de cualquier persona, por el impacto que genera a distintos niveles:


Mejora las condiciones de trabajo.El crecimiento de las capacidades técnicas y habilidades sociales a través de acciones formativas nos posicionan en una situación de partida privilegiada para acceder al mercado de trabajo, para promocionar dentro de la compañía o para conseguir un empleo más satisfactorio en otra compañía. Por ejemplo, un estudio últimamente publicado por la Fundación BBVA y el IVIE revela que la Educación Superior aporta a los jóvenes una probabilidad de trabajar 13 puntos porcentuales por encima de otras personas con estudios obligatorios. Por su parte, el informe ‘Impacto de la formación en las retribuciones’, realizado por ICSA Grupo, en asistencia con La Salle Campus Barcelona‐URL, pone de manifiesto que los jóvenes más formados obtienen un 40,5% más de salario que los que no lo están, una diferencia que en el caso de los mayores de 50 años es 2,6 veces superior.


Incrementa la competitividad profesional y la producción. El hecho de estar altamente capacitados nos permite, a su vez, afrontar la toma de decisiones y resolución de conflictos de forma más eficaz, lo que redunda en nuestra reputación dentro y fuera de la empresa, al tiempo que suministra a la compañía mejores índices de efectividad por parte de la plantilla.

Aumenta nuestra satisfacción en el empleo. Gracias a la formación, seremos capaces de llevar a cabo con éxito las metas que nos propongamos y de afrontar nuevos desafíos, lo que tiene un impacto positivo en nuestra motivación laboral y nuestra satisfacción personal y autoafirmación. En este sentido, el estudio ‘Randstad Workmonitor 2015’ revela que cuanto mayor es el nivel educativo de los profesionales, mayor es su grado de satisfacción laboral, hasta el punto de que el 77% de los trabajadores con estudios superiores se encuentran felices en su empleo, frente al 48% de los empleados con formación primaria.

Potencia la confianza y autoestima en nuestras relaciones personales. La formación nos aporta conocimientos, pero también destrezas sociales (como proactividad, empatía, compromiso, autocrítica, tolerancia…), capacitándonos para interactuar con nuestro entorno con una actitud más positiva. De hecho, según el informe ‘Vocational education and training is good for you. The social benefits of VET for individuals’ del Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop), existe un fuerte vínculo entre capacitación e aumento de la confianza y la autoestima, lo que favorece a la inserción de la persona en la sociedad.

Vistas estas preeminencias de la formación en el desarrollo personal y profesional de los jóvenes, ¿cómo podemos beneficiarnos de ellas? La Escuela Europea de Management nos da algunos lecciones para analizar nuestro rumbo profesional.





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